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Van Helsing (2004) es la más reciente de vampiros.

Más que sangre
y colmillos
 

La inmortalidad y la vida nocturna comulgan para dar vida al vampiro, personaje que llegó en la Edad Media y se instaló en la escena cinematográfica para siempre


Por Indira Kaiseros

Foto: RECESSO/ Archivo

Es noche de luna llena, una nube cruza el cielo y se roba la luz, el viento hace bailar la cortina blanca de una ventana media abierta, mientras, una doncella duerme plácidamente ante la mirada hambrienta de una criatura que, sonriendo, muestra sus largos colmillos. Ésta sería la descripción de una escena en una clásica película de vampiros, sin embargo, sería bueno dar una ojeada a la historia de un género que ha fascinado ha millones a través de los años, para darnos cuenta de que el vampiro es más que sangre y terror.

En 1897 se publicó la novela "Drácula" del irlandés Bram Stoker, mientras que el cine apareció en 1896, por lo que se puede decir que el cine y los vampiros son contemporáneos. Hablar de vampiros es muy usual desde la Edad Media, pero comienza a salir a la luz con esta novela, que enfatiza el choque de la ciencia y racionalidad frente a la fe y la tradición. A lo largo de la historia se habla de máquinas de escribir, taquigrafía, adelantos en Psicología, transfusiones sanguíneas, el mismo cinematógrafo, etcétera. Se trata de una historia basada en la vida de Vlad Dracul, un sanguinario empalador que se divertía asesinando a los habitantes del feudo del que era dueño, en la tenebrosa Transilvania.

Sin embargo, la primera película de vampiros filmada fue Nosferatu (1922), de Morneau, dentro de la corriente del Expresionismo Alemán. Sería durante todo el Siglo 20 cuando este personaje viviría su evolución, como un ángel castigado que representó los sueños del hombre de esa época: la inmortalidad y la vida nocturna.

Además, el vampiro se descubrió como un monstruo muy erótico, ya que en sus ataques van incluidos la penetración, los flujos internos y la seducción. En Vampiros, de John Carpenter, se representa explícitamente cómo el ataque produce en la víctima la misma sensación de un orgasmo. De la misma forma, puede ser muy feo o muy hermoso.

Las películas de este género tienen una atmósfera de inexplicable miedo a las fuerzas exteriores, temor a lo desconocido y sobrenatural, creando un clima de tensión. El vampiro elige a sus víctimas, quienes por lo regular son jóvenes con cierta ingenuidad. Tiene un poder especial para atraerlas, aun en contra de su voluntad. Casi siempre es un caballero pálido, desconocido, inteligente, astuto y generalmente, muy, muy rico.

En Estados Unidos, el Drácula por excelencia es el actor Bela Lugosi, quien encarnó al personaje en películas filmadas entre las décadas de los treinta y los cincuenta, creando temor entre las masas. Pero en México no nos quedamos atrás, la producción nacional puede presumir del Barón Brácola, encarnado por Germán Robles, quien inmortalizó al vampiro más famosos del cine mexicano de los sesenta, versión que se iría abaratando a partir de la década siguiente, con las películas de "El Santo".

Por otra parte, el color abrió posibilidades efectistas, haciendo más gráfico el flujo de sangre, las córneas enrojecidas de Drácula, los labios y colmillos ensangrentados.

Fuera del circuito de Hollywood, se filmó en 1979 Nosferatu, el Vampiro, de Berner Herzog, dando un giro importante, ya que aquí la protagonista está enamorada del monstruo, cambiando el concepto de alguien que atemoriza, pero que a la vez puede sentir amor por alguien.

A partir de los ochenta se revalora el cine de vampiros y su perspectiva se transforma en el cine de arte y no industrial o comercial. Es cuando se entremezcla con la cultura del rock dark y el estilo de vida de los jóvenes de la época (maquillados y afeminados). Algunos ejemplos de esta tendencia son: The Anger (1982), Fright Night (1985) y The Lost Boys (1987).

Mención aparte merece La Hora del Espanto (1986), donde el enemigo resulta ser nada menos que el vecino de al lado, estableciendo la "regla" de que un vampiro entrará a tu casa sólo si es invitado.

Para los noventa, el vampiro regresa muy depurado, envuelto en un terror metafísico, cuando los directores vuelven a historias la clásicas, con la versión en cine de la ya mencionada Drácula (1992), dirigida por Francis Ford Coppola, y Entrevista con el Vampiro (1994), original de Anne Rice y dirigida por Neil Jordan.

Aunque se ha manejado la premisa de que un vampiro es un ser asexuado, en producciones recientes se induce la idea de la homosexualidad y de lesbianismo, como en la mencionada Entrevista..., o en La Hija de Drácula.

En los últimos años el vampiro y su imagen se han ido opacando con las películas de ángeles, la influencia de la new age, la nueva oleada de zombies, etcétera. Ahora crece más el mito demoniaco y se va desplazando al vampiro como una criatura que alguna vez fue humana, como un reflejo de los bajos instintos que todos, todos llevamos dentro.