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'Esquinero'

le llaman

" con el agua juego durante el día, por las noches soy todo fuego"


Por: Ernesto Amezcua

Apenas se asoma el mediodía, el "Quillo" se prepara para ir a trabajar. Sus herramientas no son pesadas, pero sí indispensables para sobrevivir: 3 ó 4 botellas de dos litros de agua mezclada con detergente o jabón; un pequeño jalador; diesel; y un trapo viejo atado a un alambre grueso.

Es de tez morena. No es para menos si se consideran las horas que se expone al sol lavando vidrios en los cruceros. Pero por las noches Enrique, que así se llama, se transforma y aprovecha la ausencia del sol para hacer más espectacular su acto casi circense: tragar fuego.

Desde hace algunos años el "Quillo" ha hecho de las avenidas y los cruceros más concurridos de la Ciudad su lugar de trabajo. En ellos los semáforos en rojo le dan la oportunidad de mostrar sus aptitudes, y de ganar unos cuantos pesos.

"Yo trabajo en las calles porque no he encontrado otra cosa. Hace tiempo anduve en una fábrica pero luego me corrieron por un problema que tuve y ya no encontré nada.

"Nomás que ahí en el barrio hay varios que se dedican a esto, ¿verdad?, y pos también le entré", platica el "Quillo".

Enrique alterna con payasos, limpiaparabrisas, vendedores de tapetes para el tablero del coche, de dulces, de periódicos, de rosas, o incluso con jóvenes impedidos para trabajar. Con un gesto sincero, lamenta no haber encontrado ya un empleo estable que le permita sobrevivir.

"Pero ni he buscado bien. Luego salen unos (avisos de trabajo) en los periódicos pero no voy, porque te pagan bien poquillo, y pos como quiera hay que venirse un rato a las esquinas pa´ seguir chambeando", platica.

El suyo no es un empleo remunerado, su jornada laboral puede ir de las 10 a las 15 horas, dependiendo del día de la semana, del tráfico y de su estado de ánimo.

"Si veo que están pasando muchos carros o mucha gente le sigo, si no, pos me voy pa´l cantón o con la banda", comenta, "aquí apenas recibimos algo de dinero para sobrevivir, porque la gente no nos ayuda mucho".

Así, el "Quillo" alterna su chamba de tragafuegos con la de limpiador de cristales de auto. Para esto de limpiar vidrios debe aplicarse porque el semáforo apenas sí le regala unos cuantos segundos para hacerse, con apuros, de un par de clientes.

Esto no implica un esfuerzo físico considerable, pero hay que resistir la negativa de los automovilistas.

"Luego lo miran a uno feo cuando se acerca a limpiarles el vidrio, nomás les echas tantita agua (al vidrio) y ya te están diciendo que no, pero hay otros que sí nos dejan chambear y nos dan 5 ó 7 pesos", comenta.

A cambio de unas monedas

Ganarse la vida en la calle no es tarea fácil. No tiene seguro social, ni seguro de vida. No tiene prestaciones de ley, ni puede aspirar a un crédito hipotecario.

"No es mucho lo que se gana uno aquí. Uno puede sacar diario entre 100 y 150 pesos cuando bien me va. A lo mejor es mi suerte, ¿verdad? Uno hubiera querido ser alguien pero pos ni modo de andar robando, mejor me dedico a esto", señala.

El "Quillo", originario de Saltillo y de 24 años de edad, desde hace tres domina al fuego. A simple vista su chamba parece difícil. El esquinero lo confirma.

"Si no le sabes sí está difícil. Uno ya trae experiencia y ya no batalla. Se usa diesel pero hace mucho daño a los pulmones. Aprender a hacer esto está medio fácil, yo me tardé como dos horas; a la gente le llama la atención lo que yo hago", indica.

A veces se maquilla de payaso durante los fines de semana para ser más vistoso, y con ello tratar de ganar unos pesitos más. Su trabajo de traga fuegos implica riesgos, pero la práctica hace al maestro. Quemaduras no ha sufrido muchas, aunque sí se ha llevado algunos sustos.

"Trabajar con fuego es peligroso, nomás una vez me quemé un poco el pelo; lo más cabrón es andar en medio de los coches, porque luego les vale madre uno y se te avientan", dice.

En cambio, cuando limpia vidrios el único inconveniente es que la gente no lo deje trabajar, insiste.

Enrique está listo para volver al crucero, a la esquina. Es la tierra de todos. La tierra de nadie. Si alguien llega antes que él debe compartir ese espacio, competir contra el comercio ambulante, o de plano buscar otro lugar para trabajar.

La plática tuvo que ser suspendida. En este tipo de empleos el tiempo es oro y no hay oportunidad de desperdiciarlo en el recuento de anécdotas.

El "Quillo" lleva a su boca nuevamente el diesel, lo escupe en un trapo con fuego e ilumina la noche. Luego se pasea entre los autos con la palma de la mano extendida. Su rostro es serio, pero capaz de esbozar una sonrisa si a cambio recibe unas monedas.

El Quillo en breve

- Parte del dinero que el "Quillo" gana en los cruceros se lo da a su mamá; "el resto es pa´ mis chicles", dice.

- Su música favorita es la de los grupos El Poder del Norte y Palomo.

- Estudió hasta secundaria y le gusta jugar fútbol en su barrio.